Se emplean tabas
(huesos astrágolos) de cordero, aunque también se juega con las de carnero o
cabra, apreciadas por resultar más duras y brillantes que las de cordero que se
estropean antes por ser su hueso de consistencia más blanda.
Hay que
acompañarse de una pelota pequeña o una canica.
Las tabas presentan cuatro
caras diferentes según sus posiciones. Dos de las caras son anchas o de mayor
superficie y las otras dos estrechas o laterales estrechos. Cada jugadora tiene
un número igual de tabas.
Suelen ser seis, a veces ocho o doce.
El juego más
extendido y más común consiste en ir colocando las tabas en las cuatro
posiciones que se corresponden con las cuatro caras.
Una niña empieza el juego
echando las tabas, previamente revueltas y mezcladas entre las manos, sobre la
superficie plana en la que se va a jugar.
A continuación lanza la canica hacia
arriba, la cual habrá de ser recogida en el aire sin dejar que caiga.
Mientras
la canica esté en el aire la jugadora debe coger al menos una taba que presente
la posición de su cara en la forma correcta.
Al mismo tiempo debe procurar
volver del lado adecuado las tabas que se encuentren en cualquiera de las otras
tres posiciones, ya que el juego consiste en recoger todas las tabas después de
ser vuelta su cara correspondiente del lado correcto. Sólo puede lanzarse la
canica tantas veces como tabas haya sobre la mesa.

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